El atentado contra García Harfuch:
Venganza del narco
Ricardo Ravelo/Sol Quintana Rol/Sol Yucatán/La Opinión de México

Ciudad de México.-El atentado perpetrado en contra de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, es una clara venganza del narcotráfico; según las primeras indagaciones, los cerca de 30 sicarios que participaron en el ataque armado pertenecen al Cártel de Jalisco Nueva Generación.

El grupo preparó el atentado con tiempo, estudiaron las rutas del funcionario y dispusieron de armamento de alto poder, incluidos Ak-47 y hasta Barret. La camioneta en la que viajaba el funcionario presenta más de cien disparos que sólo alcanzaron a dos de sus escoltas, quienes murieron.

García Harfuch resultó herido con tres balazos y presenta heridas provocadas por las esquirlas. La jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum dijo, a través de su cuenta de Twitter, que este ataque es consecuencia del trabajo que realiza el funcionario en contra de la delincuencia.

Sin embargo, con apenas doce años en las tareas policiacas, el expediente de García Harfuch –nieto del general Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz y protagonista de la matanza estudiantil de 1968 –presenta varias manchas: la primera es por el caso Ayotzinapa, pues siendo jefe de la Policía Federal en Guerrero no intervino en la defensa de los estudiantes y, otra más, es una investigación realizada por el gobierno de Estados Unidos por presuntos delitos criminales o, al menos, irregularidades graves en el desempeño de sus funciones.

HISTORIAL

Heredero de una dinastía de políticos –Los García Paniagua, oriundos de Jalisco –Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, sufrió un atentado esta mañana, cuando se dirigía muy temprano a la reunión cotidiana que sostenía con la jefa de gobierno, Claudia Scheinbaum.

El funcionario capitalino, quien tomó las riendas de la policía apenas en octubre de 2019 –relevó a Jesús Orta Martínez, quien renunció al cargo por motivos personales –iba a bordo de su una camioneta Suburban color verde. Cuando circulaba por el Paseo de la Reforma, a la altura de Prado Norte, un comando armado, conformado por unos treinta sicarios, lo interceptó y abrieron fuego en contra del vehículo.

Con sus armas de alto poder, que incluían Ak-47 y hasta una Barret –puede atravesar cualquier blindaje –el funcionario fue atacado. La camioneta presenta unos cien disparos, tres de ellos penetraron el blindaje e hirieron a García Harfuch, aunque no de gravedad. En el ataque armado murieron dos de sus escoltas, quienes lo acompañaban.

El comando, por lo que se infiere, había preparado el plan con anticipación. En uno de los vehículo en el que se transportó el comando fue hallado un equipo especial para inhibir las señales de celulares.

Con independencia de que las autoridades determinen qué cártel orquestó el atentado, los primeros informes de las autoridades señalan que los sicarios pertenecen al Cártel de Jalisco Nueva Generación.

Durante el operativo de reacción, aplicado después del atentado, fueron detenidos doce sicarios que conformaban el comando. Herido, García Harfuch fue llevado a un hospital, donde horas después fue reportado estable y sin peligro.

El mismo funcionario escribió en su cuenta de Twitter: “Esta mañana fuimos cobardemente atacados por el CJNG, dos compañeros amigos míos perdieron la vida, tengo tres impactos de bala y varias esquirlas. Nuestra nación tiene que continuar haciéndole frente a la cobarde delincuencia organizada. Continuaremos trabajando”.

Antes de su nombramiento como titular de la policía capitalina, en tiempos de Jesús Orta Martínez –su antecesor –los cárteles de la droga, de acuerdo con informes oficiales, habían infiltrado a la dependencia.

El propio García Harfuch reveló, luego de asumir el cargo, que el cártel Unión Tepito –cuyas ramificaciones han crecido en la Ciudad de México –tenían cooptados a varios mandos de la policía, quienes les brindaban protección en sus operaciones de narcotráfico.

En enero de este año, García Harfuch preparó un operativo espectacular. En coordinación con la Secretaría de la Defensa Nacional y la Marina catearon los refugios del cártel de Unión Tepito; en Peralvillo decomisaron droga, armas, vehículos, dinero y hallaron hasta cráneos humanos colocados en altares con veladoras.

Se trataba de una suerte de ritual propio de la santería y la adoración a la muerte que profesan los miembros de esa organización criminal.

En el operativo fueron detenidas 27 personas, a quienes hallaron en posesión de dinero y droga, principalmente crack, cocaína, metanfetaminas y marihuana. Fueron puestos a disposición de las autoridades, pero en menos de cuarenta y ocho horas fueron liberados por el Poder Judicial.

Antes, cuando se desempeñaba como investigador en la PGR, García Harfuch coordinó el operativo que culminó con la captura de Dámaso López, “El Licenciado”, socio de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”.
Dámaso López trabó relación con “El Chapo” cuando el capo estaba preso en el penal de Puente Grande, Jalisco, y Dámaso era custodio de esa prisión. Incluso, fue pieza clave en la fuga de Guzmán Loera del penal de máxima seguridad, en enero de 2001.
Además, como responsable de la Secretaría de Seguridad de la capital del país ha realizado investigaciones y seguimiento a las redes de narcomenudeo que han afectado a los grupos criminales que operan en la capital del país y a las representaciones de los principales cárteles –Sinaloa, Cártel de Jalisco, Caballeros Templarios, Familia Michoacana, Guerreros Unidos y Los Rojos –cuyas ramificaciones se extienden a lo largo y ancho del Valle de México.

García Harfuch, además, investigó el caso del asesinato de Norberto Ronquillo, el joven estudiante de mercadotécnia de la universidad del Pedregal, aunque uno de los casos más delicados que también ha investigado, como jefe de la policía de la Ciudad de México, es el asesinato de un grupo de presuntos criminales israelíes en la plaza “Arts Pedregal”, ocurrido el año pasado.

De 38 años de edad –nació en Cuernavaca, Morelos, el 25 de febrero de 1982 –Omar García Harfuch es hijo de Javier García Paniagua, extitular de la Dirección Federal de Seguridad, exdirigente nacional del PRI y exsubsecretario de Gobernación y exprecandidato presidencial en el sexenio de José López Portillo –y de la Actriz María Harfuch Hidalgo, conocida en el medio artístico como María Sorté. Su abuelo fue Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa Nacional en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, a quien le atribuyen una destacada participación en la matanza estudiantil de octubre de 1968.

Su padre tuvo un pasado negro. Cuando asumió la titularidad de la DFS –la temible policía del régimen – creó la Brigada Blanca. Era el año de 1976. Ese grupo estaba conformado por policías y agentes de la DFS. Su objetivo era aniquilar todo lo que oliera a guerrilla en el Valle de México.

El medio hermano de García Harfuch –Javier García Morales, hijo de García Paniagua pero de otro matrimonio –formó parte de la DFS. Fue compañero de Miguel Nassar Haro –quien fue acusado de asesino y torturador en esa época –y ambos fueron señalados en aquel tiempo de importar carros robados de Estados Unidos y motocicletas Harley.

García Morales –en su momento llamado El tercer García (García Barragán, García Paniagua y García Morales –fue ejecutado en Guadalajara en 2011 presuntamente por un cártel. Su muerte nunca pudo desligarse de un lío por drogas y dinero.

Omar García Harfuch es licenciado en derecho y tiene varias especialidades en combate de pandillas y seguridad pública. Ingresó a las tareas policiacas en 2008. Durante el gobierno de Felipe Calderón destacó por ser una pieza importante del equipo de Genaro García Luna –actualmente preso en Estados Unidos, acusado de servir al cártel de Sinaloa –y trabajó al lado de Luis Cárdenas Palominos, brazo derecho de García Luna, y quien en ese tiempo fue acusado de estar vinculado al narcotráfico, en particular, a la célula de los hermanos Beltrán Leyva.
Entre los cargos que ocupó en gobiernos anteriores destacan, por ejemplo, la jefatura de la División de Investigaciones de la Policía Federal; también fungió como responsable de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR –hoy Fiscalía General de la República –, entre otros puestos importantes.
En su corta carrera policiaca –lleva doce años de servicio –García Harfuch ya se ha visto envuelto en algunos escándalos. En 2009, por ejemplo, fue investigado por el gobierno de Estados Unidos junto con once agentes más por presuntas labores delincuenciales o al menos irregulares, según se establece en un cable divulgado por Wikileaks. Además, en 2010 fue indagado poco antes de participar en un curso antipandillas en El Salvador.
En 2014 su papel como coordinador de la Policía Federal en Guerrero quedó en entredicho tras la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, presuntamente orquestada por el cártel Guerreros Unidos. En realidad se le cuestionó su falta de participación para frenar el secuestro de los normalistas.
Sin embargo, el hijo de García Paniagua argumentó que, aunque fungía como representante de la Policía Federal en Guerrero, en realidad ya estaba trabajando para otra división de la misma corporación adscrita en el estado de Michoacán.
Los investigadores del caso Ayotzinapa, empero, descubrieron contradicciones en los argumentos que adujo García Harfuch, pues otros datos y documentos lo situaron en Guerrero el día que fueron secuestrados los estudiantes de la normal de Ayotzinapa.
No fue todo. Tras la captura de Sidronio Casarrubias, líder del cártel Guerreros Unidos y uno de los protagonista de la desaparición de los estudiantes, las autoridades le aseguraron una libreta con nombres de policías y funcionarios. Los nombres iban acompañados de sus respectivos números telefónicos.
Uno de ellos era precisamente el de Omar García Harfuch. El jefe de la policía de la Ciudad de México nunca ha aclarado estas dudas que lo implican en hechos criminales.

Los cárteles en CDMX

De acuerdo con las primeras investigaciones realizadas tras el atentado contra García Harfuch, los autores de este ataque armado forman parte del Cártel de Jalisco Nueva Generación, que encabeza Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, uno de los capos más sanguinarios del país.

Sin embargo, el CJNG no es la única organización criminal que opera en la Ciudad de México. De acuerdo con informes de la Secretaría de la Defensa Nacional, en la capital del país operan tres cárteles locales: Unión Tepito, Tlahuac y el Cártel de Neza.

Todos estos grupos tienen controlado el mercado del narcomenudeo, los secuestros, las extorsiones y el cobro de piso en comercios, mercados, cantinas, bares y prostíbulos.

Por otra parte, la Ciudad de México también es un territorio donde operan al menos unos siete cárteles de los quince que existen en el país y que se disputan no sólo el mercado de las drogas –que es uno de los más boyantes –sino el control territorial y político.

Se trata de los cárteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Guerreros Unidos, Los Rojos, Beltrán Leyva, La Familia Michoacana y Los Caballeros Templarios. Estos últimos operan con amplia dinámica en el Valle de México.

De acuerdo con datos del secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, las zonas más peligrosas del Valle de México son Ecatepec, Nezahualcoyotl, Toluca, Naucaplan, Chimalhuacán, Cuautitlán, Atizapán y Tultitlán. En estos territorios están afincados Guerreros Unidos, Los Rojos y los grupos criminales que operan en la Ciudad de México.

Los delitos más recurrentes –según el funcionario –son el narcomenudeo, las extorsiones, los secuestros y el robo de vehículo. Existen otros de fuerte impacto como el cobro de piso, una modalidad que no existía en esta región pero que ya se implantó por parte de los grupos delictivos, lo que ha sembrado terror entre los comerciantes y la población en general.

Dejar respuesta