“El Marro” contra “El Mencho”: Guerra sin cuartel por “El Huachicol”

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo, Sol Yucatán/ La Opinión de México

(Primera de dos partes)

Los dos cárteles más sanguinarios del país –el de Santa Rosa de Lima y Jalisco Nueva Generación –están enfrentados por el control de un botín cuantioso: el huachicol, el jugoso negocio del robo de combustibles que ha sembrado horror y terror en Guanajuato.

En esta guerra no parece haber tregua: todos los días ocurren asesinatos y la sangre corre en El Bajío sin que autoridad alguna ponga freno al choque entre los dos más temibles capos del país.

Mediante las redes sociales, ambos grupos exhiben cómo son descuartizados sus enemigos: los decapitan, los cercenan y luego los filman para exhibirlos públicamente. En esta guerra yace, de fondo, una terrible corrupción política en Guanajuato, donde desde hace más de veinte años gobierna el PAN, un partido que, desde el poder, prohijó al narcotráfico y al huachicol como sus principales activos para financiar campañas políticas.

Hoy se les revierte el panorama con la violencia imparable. Por otro lado, el gobierno de la Cuarta Transformación simplemente no da una contra el crimen, pues parece que carecen de voluntad y de una estrategia clara para su combate.

El negocio del huachicol, el tráfico de drogas, las extorsiones y los secuestros, delitos que se han incrementado en Guanajuato y buena parte del Occidente, mantienen enfrentados a dos de los cárteles más virulentos del país: El de Santa Rosa de Lima, encabezado por José Antonio Yépez Ortiz, “El Marro” y al de Jalisco Nueva Generación, liderado por Nemesio Oseguera Cervantes, quizá uno de los capos más sanguinarios.

Ambas organizaciones criminales han ampliado sus tentáculos. El de CJNG controla veinte estados y el de Santa Rosa de Lima ha sido el que más ha crecido en El Bajío. Desde su aparición, en 2014, comenzó a ganar poder y control territorial a base de sangre, fuego y corrupción. Así, se apoderó del estado de Guanajuato, donde uno de sus más boyantes negocios es la ordeña de ductos de Pemex, de donde extraen combustibles robados que luego venden a los expendedores de gasolinas a mitad de precio.

Se asegura que los gasolineros de esa región deben comprar el producto robado a fuerzas, pues los operadores de “El Marro” suelen llegar a las estaciones con el mensaje amenazador: “Lo compras o te mueres”. La red de apoyo es amplia e incluye a altos funcionarios de Pemex que trabajan en la refinería de Salamanca, una de las más productivas del país.

El Marro: su organigrama criminal

Fundado en 2014 por David Rogel Figueroa –un agente policiaco adscrito al estado de Chiapas –el Cártel Santa Rosa de Lima comenzó sus operaciones en Guanajuato como una banda que vio en el robo de combustibles un negocio boyante.

José Antonio Yépez Ortiz, “El Marro”, era su lugarteniente. Este personaje emergió de un barrio del poblado Santa Rosa de Lima. De origen humilde y sin estudios, encontró en el hampa la oportunidad de ganar dinero fácil y adquirir poder. Lo logró. En Tan sólo tres años, Yépez se colocó como el jefe de la organización y así empezó a construir su emporio.

Existen pocos casos en los que en un negocio criminal se asocien tantos familiares, como ocurrió con “El Marro”, quien incorporó a su organización criminal a toda su parentela –hermanos, primos, tíos, sobrinos y hasta parientes lejanos –forman parte del cártel, el más peligroso en el negocio del llamado “huachicol”.

A base de corrupción –se asegura que los cañonazos de dinero son letales en Guanajuato –“El Marro” pudo construir una base sólida, inquebrantable hasta la fecha. Según reportes de inteligencia, Yépez Ortiz logró, también, edificar una enorme base social, uno de sus principales escudos, que por años volvió impenetrable a la comunidad de Santa Rosa de Lima, donde nació y tiene su base de operaciones.

Tan férreo es el cerco protector del que dispone que, en varias ocasiones, las autoridades intentaron ingresar para cumplimentar cateos o detenciones y la gente se los impidió.

Santa Rosa de Lima cuenta con unos 5 mil habitantes. Tienen una capacidad de organización tan rápida que, al menor intento de ejecutar una captura, de inmediato responden con bloqueos y protestas.

Además de esta base social, a Yépez Ortiz –“El Señor Marro”, suelen decirle –le fascinan los ranchos y las propiedades fastuosas. En tan sólo tres años ha comprado casas –otras las ha construido con el dinero del huachicol –y la mayoría han sido cateadas y aseguradas por las Fuerzas Armadas. Se registran al menos veinte aseguramientos de propiedades durante la aplicación del operativo “Golpe de Timón”, implementado por las fuerzas del orden.

De acuerdo con las descripciones, se trata de propiedades como pérgolas exteriores de lujo, casas de tres plantas con alberca, salón de fiestas, estacionamientos para veinte vehículos, todas equipadas con cámaras de vigilancia.

La Comisionada de la Unidad de Análisis y Estrategia para la Seguridad Ciudadana de Guanajuato, Sophia Huet López, en una declaración pública, detalló con estas palabras las propiedades aseguradas a “El Marro”:

“Son residencias muy lujosas, muy distintas a las que uno esperaría ver en una comunidad rural, corresponden a un perfil muy particular”.

Según los informes de inteligencia, basados en los testimonios de algunos detenidos, “El Marro” tiene una muy particular forma de operar. El capo y su grupo –dicen los informes consultados –se caracterizan por intimidar a sus rivales a través de mantas y videos en sitios públicos. Explotan, también, la penetración que tienen las redes sociales.

Sus grupos de sicarios son no sólo muy sanguinarios sino que tienen un perfil de psicópatas, pues suelen grabar los asesinatos de sus enemigos del Cártel de Jalisco –exhiben como los decapitan y descuartizan sin piedad –, con quienes se disputan el control territorial en Guanajuato y el jugoso negocio del “huachicol”.

La Fiscalía General de la República FGR) y la Secretaría de Seguridad Pública Federal, con base en sus investigaciones, lograron armar el rompecabezas del cártel Santa Rosa de Lima.

De acuerdo con estos informes, el cártel que dirige “El Marro” se compone de jóvenes de entre 25 y 30 años de edad originarios de la comunidad donde nació Yépez Ortiz; sin embargo, las autoridades federales también han detectado que a la organización también pertenecen otros elementos que provienen de Sinaloa y Jalisco.

Antes del año 2017, el Cártel Santa Rosa de Lima era visto como una banda dedicada al robo de combustibles, como había otras en el país, pero tan pronto como Yépez Ortiz tomó el control del grupo comenzó a adquirir notoriedad y atrajo aún más los reflectores cuando, en 2017, le declaró la guerra al Cártel de Jalisco, que entonces incursionó en Guanajuato con el fin de desplazarlos del negocio del “huachicol”.

Los datos que hasta ahora se conocen señalan que el círculo más cercano de Yépez Ortiz está integrado por unas catorce personas, entre ellos, su hermana Karem Lizbeth Yépez –detenida en Celaya, Guanajuato, el pasado sábado 21 de junio –quien hasta antes de ser capturada era la jefa de la plaza en el municipio de Celaya.

Los informes establecen que sus operadores financieros responden a los nombres de Efraín y Raymundo Labrada, identificados por las autoridades como tíos de “El Marro”, quienes son señalados de lavar el dinero que obtiene la organización por el robo de combustibles.

Además, un personaje  apodado “El Bachicha” –cuyo nombre es Santiago González Martínez, esposo de Lizbeth Yépez –es considerado un operador relevante en el grupo criminal.

No es todo: según los informes de la FGR, en el organigrama criminal del cártel también está identificado Juan Manuel Anaya, Artemio Espinoza, “El Temo”, Melchor Jamaica, Eusebio Gutiérrez, “El Titis”, José Alejandro Jamaica, Heriberto Aguilar, José Efraín Lara, Serafín Lara, “El Guayabo”, Gilberto Lara y Jonathan Prudencio Portillo.

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