Sergio Gómez Montero / La Opinión de México

El país complejo

si hablaste o creíste hablar entonces
con pájaros y árboles
de misterios que ni ellos ni tú comprenden

Siccardi: “Problemas del lenguaje”

Sin duda era un país pesado y maloliente el que llegaba. Todos lo sabíamos. La tarea neoliberal había sido brutal y despiadada a la hora de destruir al país y dejarlo virtualmente deshecho. ¿Cómo gobernar entonces un país así: purulento, maltrecho, resistente a la hora de tomarse sus tratamientos. No, pues, la tarea de gobernar ese país complejo (había y hay sectores de la población resistentes a los cambios porque a ellos el régimen antiguo los beneficiaba) y destrozado no era nada sencilla, pero había que entrarle, sabiendo que en la tarea podía haber errores y daños colaterales de muy diversa naturaleza, pero había que entrarle porque no había de otra.

Así, por un lado, en lo inmediato los 50 millones (más o menos) de pobres del país reclamaban atención inmediata, y por eso adiós a la corrupción y a la impunidad: estabilizar la economía del país y demostrar que en armonía todos podíamos vivir, si limitábamos (unos, un poco: otros un poco más) nuestros hábitos de consumo: con nuestros vecinos del norte y del sur, tranquilos: que nadie se meta con nadie (dice la doctrina Estrada) y que la economía marche en beneficio de todos. Nuestros recursos naturales, particularmente los energéticos, nos podían aún dar para mucho y había que caminar por esa vía. Y así, tranquilamente, ir viendo por dónde en ese ir explorando veredas, pues por eso, el julio del 18, había votado la población. Con todo y una pandemia que nadie esperábamos y cuyos efectos han sido verdaderamente devastadores.

Pero claro, en ese caminar las malas ondas y las resistencias no tardaron en manifestarse también y desde entonces sus intentos de sabotaje no han cesado: quieren, a toda costa, hacer tronar al gobierno actual, pues su accionar no los benefician. Para ellos, el país sucio y complejo que era el suyo es el que debe seguir prevaleciendo, y por eso, indistintamente, utilizan tanto armas físicas como intelectuales para tratar infructuosamente de derribar al gobierno que consideran sus enemigo, sin utilizar para ello los medios electorales que la ley señala.

El reciente, criminal, atentado en contra de García Harfuch es un claro ejemplo de quiénes son los enemigos que hay que enfrentar y hasta dónde están dispuestos a llegar.

Partir de dónde se ha partido para gobernar este país ha sido, desde el principio, una tarea difícil que, sin duda, dará sorpresas amargas como varias que ya ha dado: pero que, por amargas que sean, habrá que hacerles frente con la serenidad y las certidumbre de que, atrás de las tareas de gobierno, hay un pueblo que está dispuesto, junto con los gobernantes, a recorrer ese camino de espinas que aún hay que recorrer. Quedan trechos largos por andar, y se seguirán cometiendo errores (la visita a Trump por estos días es inexplicable), pero de que se va para adelante se va.

¿O no señor Monreal (que le sople la respuesta al oído el inefable Loret de Mola)?

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