*En el año de 1951, el periodista E. V. W. Jones escribió algunos artículos sobre barcos desaparecidos en el área de las Bahamas, a la que llamó el Triángulo del Diablo

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

(Cuarta de siete partes)

Ciudad de México.- La ciencia ficción es recomendable, también como género de diversión y aventura, lo peligroso es la superposición de la realidad y lo fantástico, la suposición de que la fantasía y la mística son realidades en sí.

Años antes, 1951, el periodista E. V. W. Jones escribió algunos artículos sobre barcos desaparecidos en el área de las Bahamas, a la que llamó el Triángulo del Diablo.

(En México, culpamos al Diablo de todo lo malo e inexplicable. En el Estado de Guerrero hay un pozo profundo, donde según la leyenda se arrojaban cadáveres de “enemigos”. Obviamente, se le calificó de “Boca del Diablo”, aunque nunca hubo pruebas de ninguna masacre “enemiga”).

Berlitz, avezado manipulador, incluyó entre las desapariciones a barcos hundidos o desaparecidos a miles de kilómetros del Triángulo e incluso se inventó alguno.

Uno de los casos utilizados para justificar la existencia de fenómenos anormales fue la desaparición del vuelo 19, una escuadrilla completa de cinco aviones TBM Avenger de la Marina norteamericana en 1945.

Las investigaciones serias han mostrado que la meteorología de la zona se estaba degradando cuando el vuelo de entrenamiento se perdió. Nada indicaba problemas con las brújulas, pero, gracias a las conversaciones del vuelo se ha mostrado la falta de pericia y de buenas decisiones del líder de la escuadrilla.

Al parecer, éste podría haber tomado decisiones erróneas que llevaron a las naves a internarse en el océano y a hundirse tras quedarse sin combustible. En base a esa desaparición Berlitz y sus acólitos montaron un mito que aún hoy persiste.

Con los datos en la mano, no hay mucho misterio al que agarrarse. Más de 10 millones de naves han atravesado la zona en los últimos 100 años y se han contabilizado 50 barcos y 20 aviones perdidos.

Si a ello añadimos que los ciclones tienen a bien aparecer y desarrollarse en la zona, que las corrientes marinas son fuertes y profundas y que buena parte de los accidentes se deben a errores mecánicos o humanos, podríamos decir que el mito es eso: un mito, indicó Iñigo Pedrueza.

La zona del Triángulo parece poseer cierta actividad volcánica, por lo que se podrían producir emanaciones de metano, provenientes de los hidratos de metano del fondo marino. Este gas provoca que la densidad del agua y del aire cambie. En el mar, comenta Pedrueza, “podría modificar la flotabilidad de los buques, provocando hundimientos.

Altamente concentrado, el aire, podría hacer que los motores de combustión y reacción funcionasen mal al modificar la tasa de oxígeno y también podría alterar los datos de los aparatos de medición.

De esta forma, los altímetros podían indicar alturas excesivas lo que haría a los pilotos descender, pudiendo provocar que se estrellasen en el mar”.

A todo ello, afirma, “se unen los estudios que demuestran la existencia de olas gigantes, responsables del hundimiento de muchos barcos en todos los océanos.

Esas olas monstruo que se creían extremadamente raras, al parecer no lo son tanto. Que no podamos explicar algo, no significa que no exista la explicación, simplemente quiere decir que todavía no la conocemos”.

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