Aletia Molina / La Opinión de México

La verdad de las mentiras de Gatel

Los mexicanos lamentamos profundamente que los más de 70 mil fallecidos ocasionados por la enfermedad covid-19 (conceptualizados bajo el “escenario muy catastrófico” por el subsecretario Hugo López-Gatell en febrero pasado) no representen la magnitud total del efecto de la pandemia en el territorio nacional, sino la fotografía de un registro que seguirá cobrando varios cientos de vidas en las siguientes semanas y meses. Todas ellas provocadas por las contradicciones e inconsistencias en la estrategia de vocería y política pública definida desde el escritorio del mismo funcionario federal.

México podría alcanzar entre 121 mil y 177 mil fallecimientos el próximo primero de diciembre. Proyección que parece consistente con la alerta sobre nuestro país que mantiene el Centers for Disease Control and Prevention.

En ese mismo sentido va la Organización Mundial de la Salud, cuando asegura que la magnitud de la pandemia está subestimada por la autoridad mexicana, dada la baja aplicación de pruebas. Con esto, el subsecretario, Rockstar, simula ante la opinión pública que la epidemia va a la baja, cuando, en los hechos, está fuera de control.

La realidad nacional y la gravedad de los análisis internacionales, muestran la carencia de un liderazgo técnico en una de las pandemias más severas que la humanidad tenga memoria en su historia reciente.

A López-Gatell le gusta más la política que la ciencia, aunque provoque costos significativos en vidas e intranquilidad de los hogares.

No hay otro referente de perfil técnico en el mundo que prefiera confrontarse, en vez de concentrar su atención en la población vulnerable.

Han sido muchas las coyunturas donde el responsable gubernamental de coordinar los esfuerzos, tuvo la oportunidad de rectificar una serie de decisiones que, en contraste con la evolución de la realidad nacional y las políticas públicas instrumentadas en otras regiones del mundo, se veían a todas luces contrarias a algo tan básico como el sentido común.

¿Ejemplos? Vamos: decretó el fin de la jornada de sana distancia tan sólo para, cuatro semanas después, ver duplicado el número de fallecimientos, en una espiral hasta ahora incontenible; estableció una vocería caracterizada por la incongruencia incapaz de movilizar a la población y a las autoridades de manera efectiva a favor de la salud; nunca quiso establecer una cooperación con gobernadores y se prestó al manejo político del semáforo epidemiológico; fracasó su “modelo centinela” porque aseguró que serviría para contabilizar los casos de contagio grave, pero el Registro Nacional de Población y el exceso de mortalidad dan constancia de que sus números simplemente no cuadran; además de negarse a promover el uso de cubrebocas.

No sé ustedes, pero es muy difícil entender cómo ante tanta mentira e ineficiencia le amplíen al subsecretario la estructura orgánica bajo su cargo.

Hay muchas quejas de quiénes no pudieron ingresar a sus enfermos en hospitales por haber sido rechazados bajo el argumento de que sus síntomas no eran graves. Enfermos que habrían fallecido, en su casa o en su traslado al hospital, por falta de atención oportuna.

El Rockstar señala que en México no hemos visto morgues saturadas como en otros países, aunque otros datos nos dicen que, en varias ciudades del país, las funerarias no se dan abasto; que hay déficit en certificados de defunción, y la gente sigue muriendo.

Al vocero oficial de la pandemia en México, le molesta toda información que discrepe con su optimismo, y la tacha de agresión, complot o ataque político; rechaza lo que no sea de su autoría, en una actitud… “poco científica”.

Pero, al funcionario ya lo perdimos, su sobre exposición en los medios, los reflectores y la fama lo volvieron altivo.

Pero, nuestra realidad pandémica indica que la estrategia, si ha habido alguna, deja mucho que desear. Nuestro país está entre los diez con peores resultados en contagios y decesos. Algo está fallando, mucho y “muy catastróficamente”.

 

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