Digna Ochoa y Plácido se suicidó y las amenazas de muerte en su contra fueron hechas por ella misma. Las hipótesis distintas se diluyeron en generalidades e imprecisiones y ninguna fue tan convincente, como la de muerte por mano propia. 

 

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

 

Ciudad de México.- El enojo de los familiares de Digna Ochoa era comprensible. Colateralmente, no iban a devolver cuarenta o cincuenta mil dólares que cobraron por un seguro de vida que contrató la abogada. Ellos, los parientes, fueron acosados por las críticas escépticas de “asesinato artero”, “crimen cobarde”, “asesinato político”, “crimen de Estado”, “homicidio repudiable”, “asesinos materiales e intelectuales”.

 

En ese clima, ¿quién no siente calor al escuchar que puede no haber ni asesinato artero, ni crimen cobarde, tampoco asesinato político y por consiguiente ningunos autores intelectuales y materiales, que se habrían tomado el trabajo de regar harina de trigo, para evitar dejar sus huellas marcadas en el piso, recargar a Digna Ochoa en un sillón, dispararle con un arma extraña y antigua, de pequeño calibre y de su propiedad, aparte de colocarle guantes rojos, en una oficina pequeñísima?

 

El sábado, 28 de diciembre de 2002, el reportero Lemic Madrid, de Milenio, informó que la abogada Margarita María Guerra y Tejada aseguró tener después de un año de investigaciones, indicios que podrían revelar las verdaderas causas sobre la muerte de Digna Ochoa.

 

Unos cinco meses atrás recibió la licenciada 22 tomos sobre la muerte de Digna Ochoa, en 2002 eran 35 tomos, se realizaron 50 declaraciones que no se tenían contempladas y se repitieron aproximadamente 20 peritajes.

 

El dictamen final de Criminalística estaba bien fundado, por lo que sería prácticamente irrefutable, sin interesar el costo político que pudiera acarrear el dar a conocer las verdaderas causas sobre el deceso de Ochoa.

 

“No estoy jugando a nada ni aspiro a nada, yo voy de salida, no me interesa lo que digan de mí, tengo mi conciencia tranquila y después de esto yo me retiro a otras cosas, como la enseñanza a nivel superior”, comentó.

 

Tiempo atrás el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro había dicho que aceptaría los resultados de las investigaciones que realizaría la Procuraduría, si estuvieran sólidamente sustentadas en pruebas técnicas.

 

Milenio Diario, primera plana, publicó una información de Lemic Madrid, (miércoles 12 de Junio de 2002), que Digna Ochoa “inventó su asesinato, pero que por razones políticas, se mantenían en reserva las conclusiones”.

 

Es decir, Digna Ochoa se suicidó y las amenazas de muerte en su contra fueron hechas por ella misma.

 

Las hipótesis distintas se diluyeron en generalidades e imprecisiones y ninguna fue tan convincente, como la de muerte por mano propia, contraria al “crimen de Estado” que reclamaban algunas instituciones y agrupaciones.

 

Autoridades federales y locales de la capital del país y el Estado de Veracruz, así como sus servicios de inteligencia (gobierno federal panista, priista de Veracruz y perredista del entonces Distrito Federal), no tenían la menor duda de que la señora Ochoa se quitó la vida con su propia pistola y de que fabricó todas las amenazas de muerte que empezó a denunciar desde 1996.

 

Informes, reportes, peritajes, declaraciones ministeriales y análisis abundantes, desmoronaron la hipótesis de un crimen de Estado y “ahora el reto de Bernardo Bátiz es cómo informar la verdad jurídica, sin exponerse a sufrir las consecuencias de parecer políticamente incorrecto”, concluyó Lemic Madrid.

 

El domingo 20 de julio de 2003, el reportero Leonardo Cortés, de La Prensa, informó que “con una pistola de su propiedad, la cual había mostrado a su hermano Ismael Ochoa, exmilitar, días antes de su muerte, Digna Ochoa se disparó en el muslo izquierdo y en la cabeza para quitarse la vida; antes preparó la escena para disimular el suicidio, y para ello elaboró un mensaje amenazante hacia el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, en el que trabajó, con letras recortadas de un periódico encontrado en el despacho donde ocurrieron los hechos y hasta polvo blanco para manos se colocó poco antes de consumar su propio deceso”.

 

Durante la conferencia de prensa donde la fiscal Margarita María Guerra y Tejeda dio a conocer su conclusión sobre el caso, el perito en Criminalística Oscar Lozano y Andrade, (nieto del médico forense Alberto Lozano, quien dibujó el croquis polémico sobre una autopsia inexistente que aparentemente demostraba que el general Álvaro Obregón recibió “diecinueve balazos” el 17 de julio de 1928, en La Bombilla), detalló cómo ocurrió la muerte de Digna Ochoa y Plácido, conforme las evidencias encontradas y preservadas en la pequeña sala del despacho donde había un buró, un librero y dos sillones, ubicado en la calle Zacatecas, Colonia Roma, el viernes 19 de octubre entre diez y once de la mañana.

 

En el lugar de los hechos no se observaron señales de violencia o forcejeo, pues la puerta y cerradura de la entrada al despacho no presentaban huellas de fractura recientes. Estaban intactas.

 

Añadió que los recortes del periódico encontrados en el lugar de los hechos, fueron tomados de un ejemplar de La Jornada, del 29 de agosto de 2001, hallado en el mismo inmueble.

 

En la escena del supuesto crimen, explicó Lozano, se encontró polvo blanco, (harina de trigo), tirado en diversas partes y también fue hallada una bolsa de material sintético transparente, etiquetada con una leyenda escrita por Digna Ochoa, leyenda que rezaba: “Polvo Blanco para Manos”.

 

Una huella de pisada en el pasillo de entrada, donde había muestra del polvo blanco, reveló que la hoy occisa estuvo de pie en aquel sitio, donde tiró su diadema y el polvo cayó sobre los zapatos y el piso.

 

El domingo 20 de Julio de 2003 se oficializó la conclusión de que es altamente probable que la licenciada Digna Ochoa y Plácido se privó de la vida haciendo parecer su muerte como un suicidio, “lo cual no fue producto de la imaginación o meras ocurrencias, sino de la práctica y agotamiento de cada línea de investigación y del riguroso examen de todas las evidencias y, particularmente, del lugar de los hechos”.

 

Así lo expresó el reportero Leonardo Cortés, (La Prensa), quien publicó que la fiscal Margarita María Guerra y Tejada sostuvo lo anterior y enfatizó que en 1987 la veracruzana ya había intentado suicidarse.

 

La exmagistrada dijo en conferencia de prensa que ante el convencimiento pleno de que Digna Ochoa se suicidó propuso cerrar el caso con la declaración de no ejercicio de la acción penal, pero aclaró que aún faltaba que los agentes del Ministerio Público, auxiliares del procurador Bernardo Bátiz avalaran la determinación, y de ser así, entonces los familiares de la litigante veracruzana contarían con diez días hábiles para inconformarse por la resolución mediante un juicio de amparo.

 

Subrayó la licenciada Guerra que durante meses los familiares de la hoy occisa y sus abogados, en calidad de coadyuvantes del Ministerio Público, no se presentaron a las diligencias e interrogatorios que se practicaban, pese a que todo el tiempo tuvieron a su disposición los informes que requirieran. La asistencia estaba para apoyar al Ministerio Público, dijo, “desgraciadamente aquí parece que ha estado para obstruir la labor del Ministerio Público”.

 

La fiscal no aceptó recibir la promoción de una serie de dictámenes en materia de química, medicina forense y criminalística, porque se hubiera requerido repetir todas las diligencias de la averiguación, de las cuales 80 por ciento ya era imposible de recrear. Y los familiares, agregó, “promovieron un juicio de amparo que todavía se instruye en los tribunales federales”.

 

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