*El 20 de noviembre de 1972 durante el desfile deportivo, con solemnidad saludó al Presidente, quien le observaba desde el balcón central del Palacio Nacional

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Seis de siete partes)

Ciudad de México.- El 20 de noviembre de 1972, Mariles fue homenajeado durante el desfile deportivo, con solemnidad saludó al Presidente Echeverría, quien le observaba desde el balcón central del Palacio Nacional.

El general acababa de salir del Palacio Negro de Lecumberri, donde estuvo de 1967 a 1971, por homicidio. Una bravuconada de tránsito acabó en tragedia. Le condenaron a 20 años, que al final no se cumplieron.

El 14 de agosto de 1964, Mariles tomó alcohol en las oficinas del diario La Afición, cercanas a la Alameda Central de la ciudad de México.

Al salir abordó su auto rojo y se fue hacia el bosque de Chapultepec, mientras recordaba su triunfo en las Olimpiadas de 1948, dieciséis años antes…

Casi en forma automática ingirió una pastilla contra el dolor que le provocaba una mastoiditis rebelde y, cuando menos lo esperaba, otro conductor se cruzó en forma imprudente. Los insultos a la mexicana no se hicieron esperar y el albañil Jesús Velázquez Méndez fue perseguido hasta darle alcance por Mariles, en la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec.

Agobiado por los recuerdos ingratos, el general Mariles añoraba con quien desquitarse de sus fracasos, mientras el albañil buscaba con ansiedad la pistola con la que tiempo atrás había tiroteado a un taxista, lesionándolo de gravedad.

Tal vez desafortunadamente para él, esa pistola la había dejado en casa y Jesús prefirió correr, pero Mariles le disparó con su arma reglamentaria, calibre .45 y la víctima se desplomó.

Como si despertara de un sueño, Mariles corrió hacia el albañil y le preguntó cómo se sentía, Jesús apenas podía hablar en voz baja. Alguien ayudó a Mariles para llevar al herido a las instalaciones de la Cruz Roja, en las calles de Durango y Monterrey, Colonia Roma.

Mientras los médicos intervenían quirúrgicamente a Jesús, un abogado de Mariles llegó a la benemérita institución y le dijo al militar que escapara. Sin titubear, Mariles obedeció y se mantuvo oculto casi un año, lo que pareció provocar la saña de medios de información, que lo llenaron de “elogios” por la fuga.

El albañil había dejado en el desamparo a mujer y varios hijos. El general incluso tuvo la intención de apoyarlos con dinero, y finalmente, decidió entregarse a la policía.

Al anunciar que el militar sería enjuiciado por homicidio calificado, el entonces Procurador de Justicia del Distrito Federal, licenciado Gilberto Suárez Torres, expresó: “Para nosotros no existen trofeos olímpicos, no hay otra cosa que el cumplimiento estricto de la ley”.

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