En Julio de 1999, la abogada de Veracruz contrató un seguro por 50 mil dólares del que había dos beneficiarios: su hermana Estela Ochoa con 80 por ciento del monto y su novio Juan José Vera con 20 por ciento. Respecto de los problemas psiquiátricos, la Fiscalía estableció que Digna Ochoa presentaba impulsividad con manifestaciones de autoagresión física e impredecibles en sus decisiones y actos.

 

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México 

 

Ciudad de México.- La titular de la Fiscalía Especial para el Caso Digna Ochoa, también expresó que en Julio de 1999, la abogada de Veracruz contrató un seguro por 50,000 dólares del que había dos beneficiarios, su hermana Estela Ochoa con el 80 por ciento del monto y su novio Juan José Vera con 20 por ciento. La familia ya cobró la proporción que le correspondía y Vera la rechazó.

 

Durante la conferencia que duró más de hora y media, la fiscal Guerra y Tejada y dos peritos en Criminalística expusieron las presiones a las que estaba sometida en la época en que pereció, como el hecho de que perdió la beca Mac Arthur, su principal fuente de ingresos porque no justificó el uso de los recursos que percibía por ella; también dieron a conocer oficialmente diversos aspectos de la personalidad y problemas psiquiátricos de Digna Ochoa.

 

Precisaron varias falsedades en las que había incurrido y presentaron una pormenorizada explicación de las evidencias encontradas en el lugar de los hechos y su interrelación que llevó a concluir que la defensora de los derechos humanos se mató y quiso aparentar un crimen. Pero argumentaron que en ninguna de las líneas de investigación sobre un asesinato se encontraron elementos que sustentaran esa posibilidad.

 

Respecto de los problemas psiquiátricos, la Fiscalía estableció que Digna Ochoa presentaba impulsividad con manifestaciones de autoagresión física e impredecibilidad en sus decisiones y varios de sus actos; relaciones interpersonales inestables con sus familiares, devaluación de ella misma ante algunas de sus amistades; manipulación de otros para satisfacer sus fines e ira inapropiada.

 

También padecía inestabilidad afectiva con cambios notorios y abruptos de ánimo; alegría, depresión, ansiedad, enojo, intolerancia a estar sola, actos autolesivos físicamente, sentimientos crónicos de vacío y aburrimiento cuando no recibía la retribución afectiva o atención de sus objetos valorados y trastorno límite de la personalidad clasificado en el nivel bajo.

 

En torno a las falsedades que fueron descubiertas está que Digna Ochoa aseguraba haber sido agente del Ministerio Público en Veracruz, sin que eso fuera cierto.

Tampoco existió el secuestro del que supuestamente fue víctima en esa entidad, lo que sí pasó es que ella, en buenas condiciones de aliño, con una maleta y bajo un nombre que no es el suyo, (“Guadalupe Roque”), llegó a una casa hogar en Yucatán, donde pidió estar un tiempo para reflexionar, pues, aseguró a los directivos de la institución, que tenía problemas con su esposo.

 

En agosto de 1987 acusó, sin fundamento, a una compañera de estudios de “intentar matarla”, pero la Procuraduría de Veracruz terminó por presentar conclusiones absolutorias ante el juez que procesó a la supuesta agresora, ya que el ataque resultó inverosímil. “Después Digna Ochoa confesaría que en realidad intentó matarse”, manifestó la licenciada Margarita María Guerra y Tejada.

 

Luego se refirió que se investigaron con detalle las hipótesis de “asesinato”. Se estableció que respecto de la posibilidad de que hubiera sido atacada por militares, se corroboró que ninguno de los integrantes de los Batallones de Infantería 19 y 40, destacados en Guerrero, estuvieron involucrados con las actividades de la licenciada Ochoa y Plácido.

 

Sobre la posibilidad de que caciques guerrerenses, explotadores de madera, la hubieran mandado matar, las versiones eran endebles y luego de averiguar concienzudamente sobre ellas, se determinó que no había vinculación con la muerte de la defensora de los Derechos Humanos.

 

Margarita Guerra sostuvo que tampoco existieron elementos de convicción, objetivos y sustentables que vincularan la muerte de Digna Ochoa con las personas que integraban su ámbito de amigos cercanos, compañeros de trabajo, parejas sentimentales, así como integrantes de la congregación religiosa a la que pertenecía.

 

En los juicios donde participó como integrante del Centro de Derechos Humanos “Miguel Agustín Pro Juárez”, A.C., conforme las constancias recabadas no existió evidencia de que su intervención jurídica hubiera propiciado o causado afectación de intereses de alguna persona o autoridad relacionada con dichos asuntos, menos aún existieron elementos de convicción que establecieran alguna vinculación con su muerte.

 

Ante esa situación y luego de analizar con detalle el lugar de los hechos, donde hubo peritajes en Química, Criminalística, comparación de ADN y Balística, así como investigación de la Policía Judicial y declaraciones ministeriales, “se concluyó que Digna Ochoa se mató”, concluyó Leonardo Cortés.

 

La defensora mexicana de derechos humanos, Digna Ochoa, no fue asesinada sino que cometió suicidio, indicó la licenciada Margarita Guerra, en entrevista con The Associated Press.  -No hubo ningún elemento que nos pudiera conducir a que alguien estuviera interesado en lo más mínimo en privar de la vida a Digna; vaya, ni siquiera de agredirla—dijo.

 

Durante once meses se profundizó en todas las líneas de investigación, como la participación de militares o de caciques del Estado de Guerrero, donde Ochoa trabajó en varias ocasiones en la defensa de ecologistas, la conclusión, sin embargo, fue el suicidio.

 

–No deja de ser doloroso, como para cualquier familia sería, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver la realidad—añadió la fiscal. (Los parientes de Digna Ochoa habían dicho previamente que “seguían creyendo que fue un asesinato”).

 

La defensora realizó tres disparos con una vieja pistola aparentemente de la Primera Guerra Mundial, de calibre .22, el tiro que se dio en la cabeza fue realizado de manera “atípica”, con la mano izquierda, pero hay bibliografía que documenta que el 25 por ciento de los suicidas se disparan con la mano contraria a la que utilizan. Según estudios psicológicos y psiquiátricos para determinar la personalidad de Ochoa, se concluyó que tenía “una tendencia con neurosis obsesiva, depresión crónica y un nivel de mitomanía”.

 

Renato Sales, primer fiscal sobre el caso, había confirmado que la historia personal de la defensora de los derechos humanos “estaba llena de problemas emocionales, e incluso dijo que había intentado suicidarse en 1988”. La señora Guerra comentó que estaba plenamente documentado el intento de suicidio y otros hechos contradictorios en su vida personal.

 

Digna Ochoa había asegurado que en 1988 fue secuestrada y vejada por efectivos policíacos de Veracruz, su Estado natal, cuando en realidad estuvo en Yucatán, otra entidad del sur del país.

 

Ya en 1987, la autoridad judicial de Veracruz había dictaminado que la licenciada Digna Ochoa y Plácido “padecía neurosis conversiva”.

 

Los hermanos de la abogada expresaron su repudio a la hipótesis del suicidio, argumentaban que “Digna tenía el valor suficiente para superar cualquier problema sin tener que recurrir al suicidio, lo cual quedó corroborado con su actuación como defensora en casos sumamente difíciles, donde tuvo que enfrentar jurídicamente a autoridades militares y civiles”.

 

Sin embargo, se concluyó que los elementos de prueba recopilados, incluidos estudios sobre la personalidad de Ochoa, apuntaron a que la veracruzana acabó con su existencia, el viernes 19 de octubre de 2011, en el despacho que compartía con otros litigantes en la calle de Zacatecas, Colonia Roma, en la ciudad de México.

 

El centro de derechos humanos “Miguel Agustín Pro Juárez” acusó a la entonces Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal de manejar un doble discurso en torno al asesinato de la abogada Digna Ochoa.

 

Edgar Cortés Morales señaló que en reuniones privadas, la Procuraduría capitalina sostenía que todas las líneas de la indagatoria sobre ese asunto estaban abiertas, mientras que en el discurso público—según el reportero Luis Ramírez—establecía que la tesis más fuerte de las pesquisas era la del suicidio.

 

Añadió Cortés que estaba inconforme con la política de comunicación de la dependencia ya que incurría en “filtraciones” y exhibía parte del contenido del expediente a algunos medios de comunicación, lo que provocaba que los datos salieran en forma fragmentada con lo que desorientaba a la sociedad.

 

 

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