Redacción/ Sol Yucatán/Sol Campeche 

Inglaterra.- Alicia de Battenberg, madre del príncipe Felipe de Edimburgo, nació sorda, le fue diagnosticada esquizofrenia, encerrada en un sanatorio, rescató a judíos de los nazis y fundó su propia orden religiosa.

La mujer criada en Inglaterra. Tuvo una vida difícil, de hecho se comenta que cuando murió el 5 de diciembre de 1969 entre sus posesiones solo contaba con tres batas.

En alemán, con rostro de anciana y fama de loca, tenía sus trucos para evitar las requisas de las fuerzas de Hitler. Así, durante un año, escondió en su altillo a los Cohen, una familia judía que soportaba la ocupación nazi en Grecia durante la Segunda Guerra Mundial.

Alicia con una belleza única, enamoró al guapísimo príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, cuando tenía 17 años. Lo había conocido durante la coronación de su abuelo, el rey Eduardo VII, bisabuelo de Isabel II, quien mucho más adelante sería su nuera.

En 1922, tras la derrota de los helenos en la guerra con Turquía, Alicia, su marido y sus hijos tendrían que exiliarse en un barco inglés con Francia como destino.

Una vez en la Europa continental y producto del exilio, Alicia empezó a manifestar problemas psiquiátricos. En 1930 le diagnosticaron esquizofrenia. Su marido la dejó y se fue a vivir a Montecarlo, con su amante, una actriz francesa.

Tras dos años de sometimientos, Alicia vivió en distintas ciudades de Europa, sola y con algo del dinero que le quedaba. Algunos aseguran que llegó a vivir en un modesto bed and breakfast en Colonia, Alemania.

En 1935, cuando la monarquía fue restaurada en Grecia, Alicia volvió a Atenas y quiso recuperar a su hijo menor. Pero Felipe, que ya era parte de la Marina Real inglesa, no tenía planes de volver con aquella madre que no había podido cuidar de él cuando la necesitó.

En 1947, cuando su hijo le comunicó sus intenciones de casarse con la princesa Isabel, heredera al trono británico, Alicia le entregó una de las tiaras que le quedaban para que confeccionara un anillo de compromiso. Entonces, no sólo estuvo en la boda real, sino que además volvió a Londres en 1953, cuando la reina fue coronada.

Anciana, pero siempre alegre, vivió los dos últimos años de su vida en el Palacio de Buckingham fumando Woodbines, unos cigarrillos baratos de la época.

Sus restos hoy descansan en la Iglesia de Santa María Magdalena, en el Monte de los Olivos, cerca de Getsemaní, en Jerusalén.

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