ESPECIAL DE LA BARBIE

*De jugador de fútbol americano a sicario y delator de capos

*El apodo se lo impuso su entrenador, por su parecido con la muñeca

*Detenido en EU a los 19 años por homicidio imprudencial

*Huyó de su natal Nuevo Laredo, Texas, para no ser procesado

(Primera de tres partes)

SOL QUINTANA ROO/SOL YUCATÁN/LA OPINIÓN DE MÉXICO

Ciudad de México.- A diferencia de la mayoría de capos que engrosaron las filas del narcotráfico acicateados por la miseria o por haber padecido una
infancia infeliz, Édgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, nació hace
46 años en el seno de una familia acomodada, sin carencias, y si se
dedicó a la vida criminal fue porque lo deslumbró el dinero fácil que obtenía como venderor de mariguana en su natal Laredo, Texas.

Valdez Villarreal nació el 11 de agosto de 1973 y su infancia transcurrió dentro de la normalidad, aunque con frecuentes escenarios
violentos por su carácter agresivo que constantemente lo metía en problemas, declaró su hermano menor, Abel Valdez Villarreal, al diario
norteamericano The New York Times, tiempo después de la detención de Édgar.

“Éramos una buena familia, como hay tantas otras”, dijo Abel, quien
añadió que las situaciones violentas provocadas por su hermano ocasionaron que tuviera que ser cambiado varias veces de escuela e incluso se le tuvo que someter a terapias para tratar de corregir su
conducta, pero sin resultados satisfactorios.

Poco antes de cumplir la mayoría de edad y a sugerencia de sus
terapeutas, se incorporó al equipo de fútbol americano de la escuela
United High School, contemplando la posibilidad de que el deporte le sería útil para canalizar positivamente su carácter agresivo.

Dada su corpulencia y su estatura, poco más de 01.80 metros, en poco
tiempo se convirtió en uno de los jugadores estrella, como linebacker, jugador defensivo.

El entrenador del equipo fue quien le puso el mote de “La Barbie”, por
su tez blanca, cabello rubio, ojos de color y su cara aniñada, características semejantes a la famosa muñeca Barbie, pero su actitud distaba mucho de las facciones de su rostro, pues su actitud seguía
siendo la misma, violenta y agresiva y su éxito en el deporte, no lograba vencer su lado oscuro, como sostener frecuentes riñas, manejar en estado de ebriedad o intoxicado.

Antes de que cumpliera la mayoría de edad, ya se había relacionado con
pandilleros de Laredo, Texas, que lo involucraron en el mundo de las
drogas y empezó a “trabajar” con ellos como vendedor de droga al
menudeo.

“Eso fue lo que lo llevó a meterse de lleno al narcotráfico, el dinero
fácil”, dijo su hermano al diario neoyorquino.

En esa entrevista, reveló que su consanguíneo fue arrestado en 1992
bajo el cargo de homicidio por negligencia, al conducir en estado de
ebriedad y arrollar a uno de los maestros de la escuela a la que asistía.

Para evitar ser sometido a juicio, Édgar huyó a México y se unió a un grupo de narcos conocido como “Los Chachos” que desplazaban toneladas
de mariguana mexicana por Nuevo Laredo, México a Laredo, Texas,
Massachussets y Missouri, según reportes de la entonces Policía
Judicial Federal.

Su relación con Arturo Beltrán Leyva se daría de manera casual en 1998, cuando Édgar, ya separado de “Los Chachos”, se metió a una cantina de Nuevo laredo, donde entabló amistad con una de las mujeres que trabajaban en el lugar.

Poco después llegó “El Barbas” con su equipo de seguridad y se acomodaron en el establecimiento.

A uno de los sicarios del capo le gustó la mujer que acompañaba a Édgar y simplemente trató de
quitársela, ordenándole que se fuera con él.

Se hicieron de palabras y pasaron a los golpes. “La Barbie” no sabía
con quién se estaba trenzando a golpes y Arturo Beltrán sólo se
limitaba a ver la pelea, sin permitir que nadie interviniera.

Pese a la ferocidad del gatillero que trataba de no hacer el ridículo frente a su jefe, no evitó que Édgar le propinara una severa paliza a su adversario y cuando los demás esperaban recibir la orden de intervenir para acabar con el sujeto, éste lo llamó, lo interrogó y terminó por invitarlo a formar parte de su cuerpo de seguridad.

De esa manera entró al grupo de los hermanos Beltrán, primero como
golpeador, después como gatillero, luego como escolta personal de
Arturo y más tarde se convertiría en su jefe de sicarios.

En ese tiempo, los hermanos Héctor, Arturo, Carlos y Alfredo Beltrán
Leyva, “El Mochomo”; ya estaban aliados con su primo, Joaquín “El
Chapo” Guzmán, a quien servían incondicionalmente; de tal suerte que para apoyar a su pariente, Arturo, que estaba al mando del grupo pese a no ser el mayor, había llevado a “La Barbie” con Guzmán Loera
recomendándolo como su mejor pistolero.

De esa manera Valdez Villarreal no solamente se convirtió en uno de los hombres de confianza del “Chapo”, sino que ya manejaba un grupo de
hombres y controlaba diversos territorios donde operaba el Cártel de
Sinaloa y así se mantuvieron durante varios años.

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