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TERCERA DE 6 PARTES

La celebración de todos los días 28, no es porque sea la fecha de su nacimiento, sino de su sacrificio, ya que se sabe que San Judas Tadeo, (cuyo nombre significa: “Alabado sea Dios y valiente para proclamar su fe”), y el apóstol San Simón, fueron presos y martirizados en Persia, donde predicaron el cristianismo y fue el 28 de octubre, ya en los años sesentas de nuestra era, cuando les dieron muerte, aunque no se establece con precisión en que año fueron sacrificados.

Según las Sagradas Escrituras, San Judas Tadeo es mucho muy milagroso e intercesor directo con Nuestro Señor Jesucristo, dado que es su primo hermano, pues era hijo de Alfeo Cleofás, hermano del Señor San José y de Miriam Antera, hermana de San Joaquín, padre de la Virgen María.

De tal suerte, se dice que es él quien puede interceder directamente ante Jesucristo para cualquier petición, aunque también se advierte que si se le promete algo lo mejor es cumplirle, “porque tiene fama de castigador cuando no se le cumple”.

Se dice, entre los mismos devotos,  que es protector de ladrones y sexo servidoras, aunque, a juicio de clérigos, no hay ninguna base para afirmar tal aseveración, sin embargo es común que los días que se le festeja, los dos templos donde se le venera son visitados por personajes de toda laya.

Uno de los mitos que circula entre la gente, aunque para los sacerdotes no es cierto ni tiene validez alguna, es el hecho de que para que realmente sea milagroso y cumpla con todo lo que se le pida, se deben de tener en casa tres “San Juditas”: uno regalado, otro comprado y el tercero robado, versión desmentida por los mismos capellanes de los templos.

El día de su festejo, es normal observar a hombres, mujeres, niños y niñas y hasta bebés, ataviados con la túnica de San Judas Tadeo, lo mismo que rostros patibularios de verdaderos lacras, chavos banda, pero eso sí, muy devotos, que también lucen el hábito de San Judas Tadeo.

Obreros, amas de casa, uno que otro figurín trajeado y de corbata y miles de personajes, todos cargando a San Juditas, bien de bulto o cuando menos, su imagen en llaveros, estampas o en diminutas figuras dentro de cápsulas de plástico, los fieles acuden de todas partes de la República a rendirle tributo al Santo Patrono.

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