*Que poseían en su contra por el gobierno resultaron más débiles de lo que se había creído; No eran tan concluyentes de que Mila Jarushkova tuviera relación con el servicio militar de espionaje checo

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Séptima y última parte)

Ciudad de México.- Las pruebas en su contra que poseía el gobierno resultaron más débiles de lo que se había creído. No eran tan concluyentes de que Mila Jarushkova tuviera relación con el servicio militar de espionaje checo.

Todo salió a pedir de boca hasta el momento en que ella llegó al banquillo de los acusados. De improviso, y sin preliminar alguno, se volvió hacia la corte y dirigió la palabra a los diputados checos.

Su elocuencia fue denotadora de su vigorosa personalidad, pues aunque estaba flaca y demacrada, su alma brillaba al través de su cuerpo, como una llama a través de una pantalla. En su discurso dijo, más o menos, esto:

“Se me acusa de espionaje y de sedición, pero no vine de América con el propósito de investigar. Además, nada hay aquí que valga la pena investigarse, ni soy sediciosa, puesto que vine a servir a mi patria, que es Bohemia.

“Checos: les traigo un mensaje de nuestro adalid, Masaryk. Les revela la verdad que sus enemigos les han ocultado. Sus compatriotas están pelenado por ustedes. Cuando salí de América, ciento veinte mil soldados checos combatían en los frentes y su número aumenta de día en día. Los aliados nos han prometido la libertad si ganan la guerra. Y la ganarán.

“A pesar de todo los que les digan sus opresores, el Presidente de Estados Unidos, Wilson, es su amigo. Los periódicos anuncian que los Estados Unidos nada pueden hacer en favor de nuestra causa. No es cierto. América tiene empeño en ganar esta guerra. Arrojará en ella hasta el último barco y, si es preciso, su último soldado y su última onza de oro.

Alemania y Austria no podrán resistir. Después de la guerra desaparecerá el imperio austro-húngaro y surgirá la República Checoslovaca. La larga noche casi ha terminado. ¡Conserven su valo hasta el amanecer!”

Cuando se sentó Mila Jarushkova en medio de un profundo silencio, todo mundo, menos ella, sabía que había firmado su sentencia de muerte. Los jueces sólo pudieron reconocer su culpabilidad. La condenaron a morir ahorcada. El juez dio su veredicto en el acto.

Mila no se inmutó. La llevaron a la antesala. Según la costumbre austríaca se autorizó a sus amigos para que la visitaran. G.Haberman, editor y veterano revolucionario checo, arriesgó su libertad y fue a verla.

–No me ahorcarán. El Presidente Wilson no lo permitirá. Pero, si me matan, me siento feliz de dar mi vida por mi patria–, dijo.

Su abogado obtuvo una apelación por un vicio de forma en los procedimientos. Así pudo aplazar la ejecución. Haberman y su grupo lograron comunicarse con Emmanuel Vosca en el cuartel general de Chaumont, Francia. Inmediatamente cablegrafiaron a la Casa Blanca y al Departamento de Estado solicitando su intervención.

Woodrow Wilson se dirigió al emperador de Austria-Hungría, por conducto del Papa Benedicto XV. Y hasta dicen que intervino el propio exembajador alemán en Washington, Von Bernstorff.

Los austriacos no podían conmutar la sentencia sin comprometer su prestigio. La encerraron en una celda reservada a los condenados a muerte y la dejaron allí con su sentencia pendiente de ejecución. Trataron de ponerla en libertad por amnistía al final de la guerra. Oficiosamente notificaron todo esto al Vaticano, mas no a Mila Jarushkova. Durante varios meses permaneció en su celda solitaria, creyendo siempre, cuando oía un ruido de pasos en el corredor, que se acercaban el sacerdote y el verdugo.

El imperio austro-húngaro empezó a derrumbarse a fines de 1918. El emperador Carlos, en uno de sus últimos decretos, ordenó que se pusiera en libertad a todos los prisioneros políticos. Pero los checos estaban tan preocupados en su revolución, que nadie se acordó de Jerushkova.

Varios meses después su abogado alemán pasó por casualidad cerca de su celda. Obedeciendo a un impulso, preguntó si su cliente había salido de prisión después de la amnistía.

-Mila Jarushkova está todavía en la cárcel-le contestaron.

Los archivos de su caso se habían perdido en la inexplicable confusión de aquellos días.

Mila era una ruina desde el punto de vista físico y moral. El abogado logró que le devolvieran la libertad. Vivió algún tiempo. En la Segunda Guerra Mundial combatió a los nazis y adiestró espías. Ella fue quien preparó e infiltró en su bella sobrina Miroslava Sternova el amor por el espionaje, sus técnicas y mil habilidades.

Pero no fue sólo Mila Jarushkova la única ascendiente espía. En Checoslovaquia se venera la memoria de Ana Chalupkova, también heroína del espionaje en la Primera Guerra Mundial. Ana Chalupkova fue tía cercana de Miroslava, espía por afición, por sentimiento y por abolengo.

Obviamente, amigo(a) lector(a), queda a tu cargo la conclusión sobre la investigación de Luz de Guadalupe Joseph Zetina, quien afirmó como prueba de que “los polacos supieron que los ingleses mataron a Miroslava (¿?), porque obtuvieron el resultado del análisis de sus vísceras”.

Según la escritora se encontró “el característico veneno que empleaban los del servicio de la Gran Bretaña”. Sólo que se le “barrió” a la autora de “En el viejo Acapulco”, que se perdonó la autopsia en el caso de Miroslava y, por lo tanto, jamás se obtuvo un análisis de vísceras y menos porque el cadáver fue incinerado en el Panteón Civil de Dolores, sin que lo perdieran de vista sus parientes desde que salió de la Colonia Anzures hacia el horno crematorio.

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